En el pizarrón de todo candidato a Presidente de la República, hay muchas áreas que son especialmente incomodas, mas allá del sector político al que representa.
Las sociedades humanas desde sus inicios, han debido convivir con grupos en su interior de ciudadanos que más allá de las mejorías en el sistema de vida o de lo adecuado que sea el desarrollo de la nación en que les tocó nacer, sienten profundamente que deben cambiarlo todo. Para ello buscan apoyo y reclutan a todo tipo de personas.
La mayoría de los movimientos revolucionarios latinoamericanos viven esta realidad y tienen su expresión más conocidas en las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).
Su origen y actuaciones han sido objeto de estudio, reportajes y amplia difusión por lo cual no insistiremos en ellas.
Sin perjuicio de ello, es importante plantearse como actuar frente a sus posibles aliados, a organizaciones afines o a personas que mantienen ligazón con esta manera de ver y actuar en la sociedad.
En Chile, una pequeña parte de nuestros habitantes, motivados por una mezcla de demandas ancestrales y también por la opiniones mundiales reivindicatorias para los pueblos originarios, han conformado movimientos que pretenden crear una situación distinta en una parte de Chile.
Si se tiene en cuenta que las sociedades modernas son herederas de tradiciones que hoy pueden resultar aberrantes, es posible pensar que parte de lo que se plantea es plenamente justo.
Es cierto que en las sociedades modernas, La Historia se escribe a ritmo vertiginoso y no deja espacio para miradas distintas, lentas, reflexivas o ancestrales.
Esto lleva a un dialogo de sordos, en el que por un lado el estado chileno en este caso, responde a las necesidades de la mayoría de la población y SOLO en lo formal, contempla instancias para acoger estas demandas entre comillas “anticuadas” que no responden mas que a un mundo nostálgico desaparecido antes que muchos de nosotros fuésemos siquiera imaginados.
¿Que hacer entonces? ¿Como actuar en justicia? ¿Que ROL le corresponde al Presidente de la República en 4 años respecto a un problema de siglos?
Según pensamos, SI existe posibilidad de hacer algo concreto pero para ello se requiere de valentía y liderazgo.
Nuestro país tiene las herramientas y debe echar mano a soluciones audaces y creativas (En la Isla de Pascua parte de ellas, están implementadas).
Se necesitan recursos económicos, mirada de desarrollo y decisión, para formar un territorio especial en el que se pueda acoger a los pueblos originarios y todas sus tradiciones.
Es importante para esto, dar reconocimiento a los líderes positivos y trabajar con ellos la construcción de alternativas justas y posibles.
Cuatro años son tiempo suficiente para sentar estas bases de trabajo pero hay que pensar desde ya en el como se hace.
Sebastian Piñera usted puede avanzar en este camino y alejar la tentación para la formación de Movimientos que históricamente derivan en tragedias para los pueblos a quienes pretenden defender y tendrá un lugar en la Historia de Chile.
Piñera y vínculos de Farc con Chile en La Tercera